
Cuando una conservera de la ribera del Ebro, del Cantábrico o de Galicia envasa anchoas, bonito del norte o sardinas en tarros de vidrio, el aceite cumple una función que va mucho más allá de aportar sabor. Es el medio de conservación por excelencia en este tipo de productos: protege el pescado del contacto con el oxígeno, contribuye a mantener la textura del filete y, en el caso de aceites de calidad superior, forma parte de la propuesta de valor del producto ante el consumidor final.
Las anchoas en aceite, por ejemplo, tienen en el medio de cobertura una decisión técnica y comercial de primer orden. Las conserveras que trabajan con aceite de girasol de alta calidad priorizan la preservación del sabor propio del pescado; las que apuestan por aceite de oliva virgen extra añaden un argumento organoléptico diferencial que el mercado gourmet valora y paga. En cualquier caso, el aceite que va al envase tiene un coste significativo y, en los formatos de mayor calidad, puede representar una parte relevante del coste de producción por unidad.
Dosificarlo mal no es simplemente un problema de proceso. Es un problema económico.
La mayor parte de los sistemas de dosificación de aceite que se emplean en la industria conservera trabajan sobre el principio volumétrico: el equipo inyecta siempre el mismo volumen de aceite, independientemente de lo que haya dentro del tarro. Este enfoque funciona razonablemente bien cuando la cantidad de materia prima es constante y la cadencia de la línea es estable. En la práctica, ninguna de esas dos condiciones se cumple siempre.
El relleno de filetes de anchoa o de bonito varía de un tarro a otro aunque el proceso sea semiautomático. Un filete de mayor tamaño, un apilado ligeramente diferente o una pequeña variación en el escurrido del producto pueden modificar el volumen disponible para el aceite en varios mililitros. Multiplicado por miles de tarros al día, esa variabilidad tiene consecuencias: unos envases con el aceite justo al límite del rebose, otros con niveles por debajo del mínimo especificado.
El resultado en planta es siempre el mismo: o se calibra el sistema al nivel más bajo para evitar el rebose (y se acepta que algunos tarros vayan infradotados de aceite), o se calibra al nivel medio o alto (y se asume que habrá rebose y paradas para limpieza). Es un equilibrio difícil de mantener y costoso en cualquiera de sus extremos.
La dosificadora de aceite de CDE está diseñada para resolver este problema de raíz, incorporando en un mismo equipo el llenado volumétrico de precisión y un sistema de control activo del nivel de aceite en el tarro. El equipo no inyecta simplemente el volumen predefinido y pasa al siguiente envase: mide el nivel real dentro del tarro durante el proceso de dosificación y ajusta la cantidad de aceite en tiempo real hasta alcanzar exactamente el nivel especificado.
Esto significa que si el tarro llega con el pescado a un nivel ligeramente más alto de lo habitual, el equipo dosifica menos aceite. Si el relleno es más bajo, dosifica más. El resultado es que cada envase sale con el nivel de aceite correcto, dentro de la tolerancia definida, independientemente de las variaciones de producto y de cadencia de la línea.
La eliminación práctica del rebose tiene consecuencias directas sobre la productividad y los costes operativos:
Reducción de la merma de aceite. Al dosificar exactamente lo necesario en cada tarro, el aceite que se pierde por derrame se reduce drásticamente. En líneas que trabajan con aceite de oliva virgen extra o aceites premium, el ahorro diario puede ser muy significativo.
Menor frecuencia de paradas de limpieza. El rebose de aceite en la línea de transporte obliga a paradas periódicas para limpiar la superficie de los transportadores, las guías y las zonas de cierre. Al eliminarse el rebose, estas paradas se reducen y los turnos de producción son más continuos.
Homogeneidad del producto final. Cada tarro sale con el mismo nivel de aceite, lo que se traduce en coherencia en el peso neto, en la presentación visual a través del vidrio y en la experiencia del consumidor final al abrir el envase.
Reducción del riesgo de rechazos por calidad. El nivel de aceite es uno de los parámetros que los departamentos de calidad de las grandes superficies y distribuidores especializados revisan en las auditorías de producto. Una línea que garantiza la consistencia del nivel protege a la conservera frente a devoluciones y a rechazos de lote.
El equipo ha sido desarrollado prestando especial atención a los productos que más sufren las consecuencias del rebose y de la variabilidad en la dosificación: las conservas de anchoas y otros pescados azules envasados en aceite de alta calidad.
Las anchoas del Cantábrico en tarro de vidrio son un producto gourmet con márgenes ajustados en la producción pero con un valor en el mercado muy por encima de la media conservera. Una variación de tres o cuatro mililitros de aceite por tarro, multiplicada por la producción diaria, puede suponer una diferencia económica relevante al final del mes. Al mismo tiempo, el aceite manchado en el exterior del tarro afecta a la calidad visual del producto en el lineal, algo que las marcas de gama alta no pueden permitirse.
El sistema de CDE es compatible con aceites de diferente viscosidad, incluido el aceite de oliva virgen extra, cuyo comportamiento en la dosificación difiere del aceite de girasol en términos de fluidez y temperatura de trabajo. La máquina está fabricada en acero inoxidable apto para contacto alimentario y cumple con los estándares de limpieza habituales en la industria conservera.
Uno de los aspectos que las conserveras valoran especialmente es la capacidad del equipo para integrarse en líneas de producción ya existentes, sin necesidad de modificar la arquitectura completa de la instalación. La dosificadora de aceite de CDE está diseñada para trabajar en línea, a la velocidad de producción definida por la cadencia del conjunto, y puede adaptarse a diferentes diámetros de tarro y alturas de envase.
Esto es especialmente relevante para conserveras de tamaño medio que han construido su línea por fases y que no pueden permitirse paradas largas para reformas estructurales. La incorporación del equipo no requiere rediseñar el lay-out de planta: se integra en el punto de la línea correspondiente a la adición de cobertura, entre la operación de relleno de pescado y el cierre.
En la industria conservera, la eficiencia de una línea de producción no se mide solo por los envases cerrados por hora. Se mide también por lo que se pierde en cada turno: aceite derramado, tiempo de limpieza no planificado, tarros con peso neto fuera de especificación, rechazos de calidad. Un equipo de dosificación que controla activamente el nivel de aceite y elimina el rebose no es un gasto: es una inversión que se amortiza en la reducción de mermas, en la mejora de la productividad real de la línea y en la protección de la calidad del producto final.
Si estás analizando cómo mejorar la precisión en la dosificación de aceite en tu línea de envasado, en CDE podemos hacer una valoración técnica sin compromiso adaptada a tu formato de tarro, tu cadencia y el tipo de aceite que utilizas.
Nuestro equipo de ingenieros está listo para ayudarte a encontrar la solución perfecta para tu línea de producción.